La casa, abra de paz y tranquilidad , está dotada de unos alrededores ricos y variados de fácil aceso. Se puede ir a todas partes andando. En el entorno inmediato, la kasbah ofrece callejuelas que desembocan en casas encaladas de un blanco resplandeciente con basamentos de todos los tonos de azul.
A unos metros de allí, el infalible café moro, con sus mosaicos y sus mesas azules, ofrece su acogedor encanto a la vez que su « té a la menta » y sus pastelitos incomparables. Unos pasos más y se encuentra el jardín andaluz rodeado de murallas sobre las cuales hallamos el Museo y sus numerosas colecciones
Un poco más lejos está la calle de « los Cónsules » con sus tiendas desbordantes de todos los productos del artesanía maroquí . De vuelta a la kasbah se halla la calle, alegre y animada por sus habitantes entusiasmados, las idas y venidas de los jóvenes que regresan de la muy cercana playa.
Porque el océano está aquí, ofrecido e inmenso cuyas olas se rompen sin fin sobre las murallas seculares y dan vida a la kasbah y añaden al encanto tranquilo de este lugar de excepción.